Al hablar de
la autoridad en el reino de Dios, no podemos terminar esta serie sin hablar del
mayor ejemplo de humillación y obediencia que encontramos en la Biblia, nuestro
Señor Jesucristo. Como él anduvo en perfecta obediencia ante Dios Padre, Jesús
es el modelo que debemos seguir si queremos agradar a Dios.
FILIPENSES 2:5-11
5 Haya,
pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual,
siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que
aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho
semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí
mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
En esta
Escritura se nos exhorta a tomar el ejemplo de humildad y sumisión de nuestro
Señor Jesús. Cuando analizamos la palabra ‘sentir’ en este versículo,
encontramos que se esta refiriendo a la mentalidad y propósito que hubo en
Cristo. Es necesario que tengamos la mente, actitud y sentir que hubo en el
corazón de Cristo para hacer la voluntad del Padre.
Aunque Jesús
era esencialmente uno con Dios y tenía la misma naturaleza y atributos de Dios
Padre, no se aferró a esta igualdad como los hombres se aferran a sus poderes y
riquezas. Aunque siempre había estado con el Padre (Jn. 1:1-2), él decidió
participar de carne y sangre haciéndose un poco menor que los ángeles que le
adoraban (Heb. 2:7).
La palabra
griega que se usa para despojar en este versículo, también se puede traducir
como ‘vaciar’. Es decir, que nuestro Señor Jesucristo puso a un lado los
atributos de la Deidad para tomar en su persona la forma de siervo o esclavo.
No que Jesús haya en algún momento perdido su Divinidad, sino que él se encarnó
para introducirse en nuestra dimensión de tiempo y espacio y ser así el Hombre
Perfecto, preparado para ser el sacrificio por nuestros pecados.
Aún en su
nacimiento se demostro su humillacion. Pudo haber nacido en el palacio del rey,
mas él nació en un establo de animales. Luego el versículo 8 resalta que, ya
estando en la condición humillante de ser hombre, Cristo se humilla aún más al
someterse como hombre hasta la muerte; pero no cualquier muerte, sino la muerte
más vergonzosa en el mundo antiguo, la crucifixión.
Y aunque
era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;
Cristo
aprendió obediencia en su experiencia humana. Como segundo Adán, él debía
aprender por la experiencia del sufrimiento, para cumplir con la justicia de
Dios.
Si nuestro
Señor tuvo que aprender en su humanidad la obediencia, cuanto más nosotros que
luchamos a diario con los deseos pecaminosos. Ojalá podamos tener la humildad
de Jesús en nuestros corazones, de lo contrario no podremos ser obedientes a la
autoridad de Dios y su palabra.
La
humillación máxima de Cristo lo llevó a la exaltación máxima en el Universo…
Tomado de: http://luzenlapalabra.org/2013/01/27/jesus-maximo-ejemplo-de-obediencia/
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